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La educación, respeto y la violencia

  • Foto del escritor: Yolanda Cruz López
    Yolanda Cruz López
  • hace 3 días
  • 2 Min. de lectura

«Nueve de cada diez profesores se declaran en contra de las exigencias administrativas que les restan un incalculable tiempo para preparar sus clases y aseguran que, con las ratios actuales, no pueden atender al alumnado como este se merece y necesita»


Miercoles, 14 de enero 2026. EL IDEAL

La intersindical, sindicato de docentes STEs-, daba a conocer este lunes el resultado de una encuesta realizada a profesores de enseñanza secundaria en la pública; según esta, los docentes están preocupados por la violencia y falta de respeto que encuentran en sus respectivos centros, a la par que agobiados por la carencia de recursos y los trámites burocráticos. Nueve de cada diez profesores se declaran en contra de las exigencias administrativas que les restan un incalculable tiempo para preparar sus clases y aseguran que, con las ratios actuales, no pueden atender al alumnado como este se merece y necesita.

 

No es nuevo esto, ¿verdad? Todos conocemos algún caso, no solo de falta de respeto hacia el profesorado, sino también de acosos y agresiones a docentes por diferentes causas, desde su aspecto físico hasta su identidad sexual, pasando por la misoginia e incluso la xenofobia. Como este pueblo nuestro es experto en resolver y aclarar asuntos con los parroquianos a la hora del aperitivo, ya hemos escuchado variadas explicaciones al respecto. Algunas de las más recurrentes: los padres de ahora es que no se sabe en qué están pensando, la gente joven está cada vez peor, o es que los videojuegos les inculcan la violencia.

 

Sin embargo, nada como escuchar alguna voz experta en la materia, pero de verdad. Entre las explicaciones sindicales que, a través de los medios, completaban la información de la encuesta, algunas ayudaban a reflexionar y a callar la boca a los parroquianos. Un representante sindical, que declaraba contar con tantos años como la democracia en nuestro país, es decir, cincuenta, aseguraba “no es lo mismo dar hoy una clase de filosofía al alumnado de 4º de la ESO, o sea, que, al entonces, segundo de BUP en a principios de los 90”. La explicación no podía ser más simple: entonces, el 50% de los jóvenes estudiaba bachillerato; del otro 50%, el 20% cursaba estudios de maestría, la posterior formación profesional, y el resto no hacía absolutamente nada; trabajaba o no, pero no estudiaba. Ahora, todos, hasta los dieciséis años están obligados, y menos mal, a estudiar, luego en las mismas aulas, no solo hay el doble de estudiantes, si no que, entre ellos, se encuentran quienes no tienen el más mínimo interés en estudiar y saben que aunque no lo hagan, al final se les promocionará; también quienes tienen necesidades concretas de apoyo educativo; estudiantes con problemas con el  idioma, e incluso algunos que ni siquiera lo entienden.

 

Es una maravilla que seamos tan diversos, el asunto peliagudo es cuando los docentes, las aulas, los recursos, no son suficientes para atender las diversas necesidades de los chicos y chicas que, hasta sus dieciséis, deben mínimamente formarse. La Ley les reserva un lugar en el aula, pero no facilita los medios ni materiales ni humanos para responder a una sociedad que, por fin, está representada, al completo, en los centros educativos.  Seguiremos.

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