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  • Foto del escritorYolanda Cruz López

¿Para qué sirve un árbol?

«No vemos la belleza del tomillo, los azufaifos, la retama y el Taray»


Martes, 17 de octubre 2023. EL IDEAL

Árboles y naturaleza

¿Para qué sirve? Me da la impresión de que eso es lo que debe preguntarse la gente que ve cómo se cortan árboles o se arrancan de raíz sin que ninguna emoción la perturbe. Seguramente ni se da cuenta de lo que sucede en esa calle o esa rambla por donde pasa a diario o junto a la que vive «¡Qué más da!» imagino yo que piensa, si lo hace. Alguien muy observador me ayudó a reflexionar hace unos días acerca de cómo, a la hora de reconocer nuestro concepto de paisaje idílico o perfecto, nos encontramos profundamente influenciados por el paisaje de las potencias económica y mediáticamente dominantes, es decir, entornos donde el paraíso es de color verde, ya el de los bosques de Yellowstone, de los frondosos jardines de las barrios residenciales de Vermont, de Central Park o el de las playas de Hawái, ya el de la campiña inglesa, o el de los lagos y bosques escoceses, por ejemplo. Pero, difícilmente, sean muchas las imaginaciones que reconozca las Highlands en las cimas peladas del cerro de las Bolinas y el Llano de las Gallinas, los puntos más altos del camino romano que une Aguadulce con Almería, o que reconozcan como no menos hermoso el desierto de Tabernas que el gran Cañón del Colorado.

Árboles y naturaleza

Así de fácil, no vemos la belleza del tomillo, los azufaifos, la retama, las cañas o el taray. Para el imaginario colectivo, los arbustos son matojos, peyorativamente hablando, donde «solo viven lagartijas», que no son ni ciervos, ni osos, ni alces. De este modo, para el diseño urbanístico que nos rodea, se opta por zonas verdes con césped, o sea, hierba cuidada, propia de zonas húmedas, lluviosa, que en nuestra provincia se encuentra en Sierra Nevada y Gádor, no en la costa. Lo que creemos malas hierbas, no son si no los brotes silvestres de un jardín salvaje, como esas florecillas amarillas que se empeñan en salir de entre las aceras y el asfalto cuando la lluvia nos visita. No, los arbustos que vemos en las ramblas no son matojos, son las plantas que dan vida a nuestros jardines naturales.


En Aguadulce se trabaja en la «renaturalización» de la Rambla de San Antonio, se arrancan árboles para dar paso al asfalto, con la escusa de que así se podrá pasear, cuando sobre senda se pasea igual y no se acaba con la permeabilidad del suelo. Grupos ecologistas, medioambientales y partidos políticos han intentado, inútilmente, concienciar a la población de la pérdida de árboles y otra vegetación autóctona en Aguadulce, pero el mensaje no ha llegado a la mayoría de la población, el fallo en la comunicación podríamos analizarlo en otro momento. Lo cierto es que, para mucha gente, mientras el árbol no sea el que da sombra a su coche en la puerta de su casa o el que se yergue desde su jardín, actúa somo si esto no le atañera. Mientras tanto, prosiguen los trabajos de un proyecto que no ha conseguido fondos europeos destinados a la «renaturalización» de cauces por no seguir la línea medioambiental que la UE propone.

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