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Sí, hay que hablar de política (I)

Foto del escritor: Yolanda Cruz López
Yolanda Cruz López
hace 4 minutos
2 min de lectura

«Sí hay que hablar de política, aunque sea solo para disfrutar del derecho a poder pensar diferente y a compartir esa diferencia con el resto»


Miercoles, 4 de noviembre 2026. EL IDEAL

Estamos tan acostumbrados a los cruces de acusaciones, en tonos cada vez más elevados, que protagoniza nuestra clase política que no nos damos cuenta de que ese modo de intercambiar pareceres se ha instalado en la realidad cercana. Algunos de mis alumnos de Análisis del Discurso Oral y de Análisis Crítico del Discurso me preguntan si pueden preparar su análisis con algún texto que no sea político. Les pregunto que por qué, de hecho estoy convencida de que la precampaña y la campaña electoral me van a ofrecer todo un repertorio de discursos que espero poder comentar con ellos, y alguno me explicó que cuando en las redes sociales hablan de política siempre es una discusión y una pelea y que no les apetecía trasladar ese ambiente al aula. ¿Dónde ha quedado el arte de escuchar desde el respeto la opinión contraria del otro? Probablemente en el mismo lugar en el que se quedó la buena costumbre de argumentar en lugar de recurrir al YO en mayúsculas que se cobija en sentencias como «Porque lo digo yo».


Yo comenté con mis alumnos la necesidad de enfrentarnos a un discurso ajeno a nuestro ideario con una mirada crítica, desde la madurez que nuestra formación y momento vital nos permitan. Sin embargo, esta necesidad de no hablar de política, como si pudiéramos alejar esta de cualquiera de las actividades que realizamos o de las decisiones que adoptamos a diario, no es patrimonio de las generaciones más jóvenes. Personas coetáneas a mí divagan entre «mejor no hablar de política que acabamos mal» y «de política no hablo que son todos unos sinvergüenzas», pues nada, toca el turno de escuchar como ponen a caer de un burro al vecino, a la compañera de trabajo y, las más de las veces, a los inmigrantes, con una acepción callejera del término que lo limita a aquellas personas que, sin papeles o con ellos, vienen del Magreb sin dinero, ¡Cómo no!, claro está, eso no es hablar de política, entienden.


Sí hay que hablar de política, aunque sea solo para disfrutar del derecho a poder pensar diferente y a compartir esa diferencia con el resto, un derecho que ha costado mucho conquistar y del que si no hablamos parece que nos ha acompañado siempre y no, no, queridos lectores, hagan memoria que no hace tanto aquí no se podía decir lo que se pensaba, y si se te ocurría intentarlo siempre había alguien, bienintencionado la mayoría de las veces y preocupado por tu seguridad y el qué dirán, que te decía ¡Calla, anda calla!. Sí hay que hablar de política para que los estudiantes que están aquí gracias a la Ley de nietos, que sí, que ya sé que no son todos, recuerden que pueden hacerlo gracias a los derechos que los gobiernos progresistas nos han recuperado. Sí, hay que hablar de política para que sepan que la beca que les permite formarse sin asfixiar a sus padres es eso, política, una política progresista que cree en la enseñanza pública y en la movilidad social ascendente. ¡Seguimos!

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