• Yolanda Cruz López

Cortos. Educar y comunicar

Siempre defiendo el cortometraje para su uso en el aula como herramienta educativa.
Su metraje nos permite desarrollar una unidad didáctica completa en una misma clase



YOLANDA CRUZ LÓPEZ

Martes, 5 abril 2022. EL IDEAL


Por motivos profesionales, los últimos meses los he pasado viendo cortometrajes a la búsqueda de las mejores imágenes que puedan ilustrar un festival. Hasta seiscientos cortometrajes, seiscientas historias que cuentan recuerdos, sueños, reivindicaciones, conflictos personales, crisis económicas, etc. Algunos se apoyan en el humor, otros en el drama, las denuncias sociales en el documental y la animación se pasea tímidamente por la ficción y la realidad documentada.


Detrás de cada uno de estos cortos se esconden muchas horas de esfuerzo. El trabajo, la creatividad y el compromiso profesional de los equipos que los han sacado adelante se sitúan en el mismo nivel de entrega y, en la mayoría de los casos, de calidad, que cualquiera de los largometrajes que podemos ver en las salas de un centro comercial o en nuestra plataforma favorita. Más de 150 horas de metraje del que tan solo un escaso 1.16% obtendrá laureles y podrá ser visto en sala.


Los cortometrajes cuentan con tres años máximo de vida. Las operas primas de los y las futuras cineastas disponen de ese plazo para inscribirse en todos los festivales y certámenes que los normalmente estrechos bolsillos de producción puedan permitirse. Primero se intenta con los grandes, los más mediáticos, los que con suerte admiten a concurso la película y conceden un galardón que empuja un poquito hacia los Goya o, en los 'súper casos', a Cannes, Sundance o los Oscars, mientras se rastrea la más mínima huella en Internet, si el corto se queda en abierto, los grandes rechazan el producto. ¿Quién va a pagar por ver en sala un corto que se puede disfrutar en Internet? El segundo año, distribución da la vuelta al calendario y sigue con los festivales con menos repercusión, los que piden una inscripción más económica y no son tan exigentes con la huella digital y, por último, si el equipo no se ha rendido todavía, en el tercero se disparan los últimos cartuchos enviando la película a las semanas de cine, las muestras, los certámenes de provincias, los festivales temáticos, en línea y, principalmente, gratuitos.


Tres años y, probablemente, entre costes de producción, de inscripciones, publicidad, etc., tres o cuatro mil euros después, si se ha contado con una producción medianamente 'decente', el cortometraje podría estar en YouTube o Vimeo para su visionado en línea o bien desaparecer en bases de datos de medios, festivales y productoras.


Siempre defiendo el cortometraje para su uso en el aula como herramienta educativa. Su metraje, no más de 20 minutos, nos permite desarrollar una unidad didáctica completa en una misma clase. Además, no debemos olvidar que junto a los nativos digitales también existen los nativos audiovisuales, así que conectar con el alumnado a través de un lenguaje del que son usuarios inconscientes como es el de la imagen, apoyarnos en la capacidad de esta de generar emociones para ayudar a despertar y favorecer el espíritu crítico de nuestro público son las ventaja, que nos ofrece, claro que para ello el cuerpo docente debería contar con una mínima competencia comunicativa audiovisual que les permita alfabetizar a su alumnado. Mientras esto llega a ser real, yo me voy a Pontevedra a educar y comunicar con el XII Visualízame.


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