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  • Foto del escritorYolanda Cruz López

Debates, bocinas y plebiscitos

«El discurso mediático es el resultado del soporte que los medios ofrecen al lenguaje del discurso público, es decir, político»


Martes, 25 de julio 2023. EL IDEAL


Hace quince días, desde esta tribuna, compartía con ustedes la reflexión que me suscitó el debate que protagonizaron Sánchez y Feijóo en Atresmedia. Constatando con preocupación el acomodamiento más que la instalación de la mentira en el discurso mediático y cómo los «profesionales» que debían moderar tal encuentro se limitaban a estar. De contrastar datos y afirmaciones dadas por ambos candidatos, ni hablamos. Muchos politólogos aseguran que la actuación en los debates es fundamental para saber quién ganará y quién perderá las elecciones, también que de lo que se trata es de «no meter la pata» ni en ellos ni durante el resto de los actos de la campaña, es decir, los debates son estudiados y tratados más como estrategia que como táctica.


Sin embargo, en esta campaña, quizás esa herramienta que son las apariciones públicas frente a otros candidatos para defender programas y explicar aquello a lo que no se llega ni en los mítines ni en los posts ni en la publicidad electoral, esa que recuerda a nuestros buzones físicos su utilidad cada plebiscito, no ha sido valorada como se merece, bueno, ni ha sido valorado el público al que esas apariciones van dirigidas. El discurso mediático es el resultado del soporte que los medios ofrecen al lenguaje del discurso público, es decir, político. Este discurso se ha instalado en la sociedad como un arma de doble filo, arropado por unos medios de comunicación a los que los grupos de poder consideran como portavoces de su discurso, como bocinas más o menos afinadas, pero eso sí, unidireccionales, sin posibilidad de girarse hacia el autor del discurso para preguntar ¿qué ha dicho? ¿por qué? ¿cuándo? o ¿cómo lo demuestra?


El altavoz mediático da credibilidad a nuestros representantes políticos, con cuentan. Hoy, las bocinas son tantas y de tan diferente naturaleza, que el ejercicio de la profesión periodística no solo pasa por verificar las informaciones que se publican en medios de comunicación, en redes sociales o en panfletos virtuales ideados, diseñados y publicados bajo una programación meticulosa para cubrir el campus digital en el que se nutre de información una ciudadanía cada vez más amplia, sino también en los datos que lanzan nuestros representantes políticos o candidatos a serlo, en sus comparecencias públicas. Es cierto que el público de los debates televisivos, ya sean a dos a tres o a siete candidatos, que dedica tiempo a buscar en las webs de verificación o que espera los resultados de esta verificación que se harán públicos horas después es mínimo, pero ese mismo público si se sabe engañado, manipulado o no tenido en consideración, se lanza a las olas de Internet bien sujeto a sus tablas aprovechando el viento con su vela, serigrafiada de datos verificados y de indignación.


Qué nos queda de los debates: del debate a dos, rabia ante la falta de respeto al público y a mi profesión; del debate a 7, que España es grande y está integrada por múltiples realidades que abogan por su patria; y del debate a tres, que debieron de ser cuatro por respeto al derecho a estar informados a través de la televisión pública.

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