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La desinformación voluntaria

  • Foto del escritor: Yolanda Cruz López
    Yolanda Cruz López
  • hace 3 días
  • 3 Min. de lectura

«A  una buena parte de la población no le interesa en lo más mínimo estar informada»


Miercoles, 06 de mayo 2026. EL IDEAL

La celebración del Día Mundial de la Libertad de Prensa, el vigésimo aniversario del Bulevar de Vícar, y el 95º Aniversario de la Asociación de la Prensa, Asociación de Periodistas de Almería (AP-APAL) nos reunieron, junto al monumento a la Libertad de Expresión que se alza en dicho Bulevar, a periodistas, miembros de la corporación vicaria y familiares de algunos de los 37 compañeros y compañeras fallecidas a lo largo de las últimas dos décadas.

 

Fue un encuentro emotivo tanto por el reencuentro con antiguos colegas , como por la nostalgia que, sin nuestro permiso, se agazapa junto a nosotros en momentos así, se agarra con fuerza a los tobillos y la llevas a rastras a lo largo de todo el día.  Este año me tocó a mí la lectura del manifiesto en el que destacábamos los principios de veracidad, rigor y honestidad que deben sustentar nuestra profesión. Antonio Bonilla, alcalde anfitrión, recordó con cariño anécdotas que lo unían especialmente con alguno de los periodistas homenajeados y José Manuel Bretones, presidente de la Asociación, recordó el compromiso que los periodistas tenemos para con la sociedad y la verdad. Leí sus nombres y depositamos una rosa blanca por cada uno y  cada una de ellas en el monumento.

 

Durante todo el día, seguí dándole vueltas a la cabeza y al corazón. Escuché a Paul McCartney y volví a bailar con alguno de ellos, recuperé recuerdos para sonreír a otros y por la noche, en casa, vimos Todos los hombres del presidente (Alan Pakula, 1976), la película favorita de mi padre, eran esa y La diligencia (J. Ford, 1939), pero ese día, por motivos obvios, la cita era con Woodward, Robert Redford, y Bernstein, Dustin Hoffman. Puede parecer un homenaje típico, poco imaginativo o demasiado clásico, pero, francamente, sigo sin encontrar otro más adecuado. Más allá de indumentarias retro, fumeteos ahora impensables, aparatos de televisión en una esquina de la redacción, el tecleado continuo de las máquinas de escribir, las cabinas telefónicas y la redacción de los artículos en papel carbón para mandar la copia a picar, había algo más. Unas figuras presentes a lo largo de toda la película y que, a tenor de las críticas de usuarios de Filmin, ninguno de quienes las escribió se percató de ellas y 2 de cada 10 las identificaron como un listado imparable de nombres que despistaba y cansaba. ¿De qué hablaban? De las fuentes, sí, de las fuentes. Un mínimo de dos más para corroborar a la primera y si no tienes las tres fuentes, no publicas. Esos cinéfilos que disfrutaron de la película no se percataron de ellas y estaban viendo una película sobre periodismo.

 

Las reflexiones que he realizado desde entonces son muchas,  pero aquí comparto esta, a una buena parte de la población – es que no quiero decir mayoría porque me pesa  - no le interesa en lo más mínimo estar informada, prefiere mantenerse en su burbuja informativa y escuchar declaraciones con las que se identifica, concederles el valor de noticia con su aceptación tácita y aceptar un discurso, una realidad falsa. Creerse a los agitadores Vito Quiles, que va de periodista, o Pilar Baselga, dice mucho del nivel de competencia comunicativa de nuestra sociedad. Una lástima.

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