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  • Foto del escritorYolanda Cruz López

La violencia vicaria, el anuncio a voces

¿no cabría preguntarse si el Estado debe proteger al menor a pesar de sus padres?


Martes, 2 de abril 2024. EL IDEAL


El pasado mes de marzo, no solo Almería, el país entero se conmocionaba con la noticia del asesinato de dos niñas de 2 y 4 años de edad, envenenadas por su padre en Alboloduy. Sería la madre, Alina, la que encontrara los cadáveres, tras personarse en el cortijo donde ambas pasaban la tarde con su padre. Las informaciones se fueron sucediendo y la opinión pública supo que el parricida tenía una orden de alejamiento de Alina, aunque a pesar de ello disfrutara de un régimen de visitas acordado por ambos progenitores.

 

La violencia vicaria, aquella cuyo único objetivo es el de dañar a una mujer a través de sus seres queridos y, especialmente, de sus hijos, nos trastorna y nos resulta no solo imposible de entender, si no inaceptable. Pero este crimen brutal, desgraciadamente, no ha acontecido de modo aislado, tanto es así que ya en 2021 Naciones Unidas nos advirtió de que observaba cómo se sucedían casos en los que niños y niñas sufrían violencia sexual y machista, al parecer, por ciertas negligencias jurídicas de nuestro Estado de derecho, ya que según la ONU nuestro Estado no protegía suficientemente a estos niños.

 

Así, en mayo de ese mismo año 2021, se aprobaba la Ley de Infancia, según la cual, si existe una orden de protección por violencia machista o si se sabe que los hijos han podido presenciar maltratos o incluso padecerlos, las visitas se suspenden. En el caso de las dos pequeñas de Alboloduy, si bien es cierto que la madre y el padre habían acordado unas visitas, también lo es que ya existía un régimen de visitas previo a través del Punto de Encuentro Familiar. ¿por qué existía este régimen de visitas si ya había una orden de alejamiento? Al parecer, el acuerdo entre los progenitores  posibilitó que se mantuvieran las visitas. Llegados a este punto ¿no cabría preguntarse si el Estado debe proteger al menor a pesar de sus padres?, sobre todo teniendo en cuenta que el caso estaba activo en el sistema VioGén y que, por tanto, las niñas debían estar también dentro del sistema para ser protegidas.

 

Mientras, tenemos que seguir escuchando que las madres que denuncian a sus exparejas y temen por la seguridad de sus hijos, no solo socialmente, que también, son tildadas de manipuladoras desde altavoces adornados con proclamas que exigen que no se corten con el mismo patrón las conductas violentas,  físicas o no, para con la madre,  con la capacidad para ser un buen padre. Y se quedan tan panchos.

 

La Organización de Naciones Unidas lleva años solicitando que el Estado español  proteja de modo real a los niñas y niñas de abusos  y violencias sexuales o machistas, y si lo que, desde esta solicitud, el Estado ha realizado en pro de conseguirlo, no es suficiente, pues tendrá que seguir intentándolo y la sociedad civil reclamándolo.

 

La violencia vicaria se anuncia, empieza a herir con esas palabras que advierten de un dolor, que debe ser tan enorme, que no podemos ni valorar. Se anuncia a voces, y aún así, casi siempre llega, y ya no por sorpresa.

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