Órdago y goleada

«Además de apretarnos el cinturón, literal y figuradamente, tanto da, vamos a tener que sujetarnos a los agarraderos que tengamos a mano para sobrevivir a este otoño»
Miercoles, 07 de octubre 2026. EL IDEAL

Esta semana está resultando más que intensa. La inaugurábamos el lunes con la confirmación de la convocatoria de elecciones generales por parte del presidente del Gobierno. Confirmación porque, desde la tumbada de los Decretos de vivienda, que presentó el ejecutivo el jueves ante el Congreso, por los votos en contra del PP, Vox y Junts, la sombra del adelanto electoral sobrevolaba toda tertulia y corro callejero. Por cierto, no sé si ustedes siguieron la sesión del jueves, una servidora sí, y aún me sigo sintiendo atónita cuando recuerdo los aplausos de dichas formaciones tras impedir que los Decretos salieran adelante. Entiendo que para ellos se trataba de poner una zancadilla al Gobierno más que de velar por los intereses de una gran representación social de patriotas. Sí, que tan patriotas son quienes no pueden pagar un alquiler o quienes ni siquiera cuentan con la posibilidad de poder pagarlo, porque no encuentran vivienda, como los que sí pagan, los que alquilan o bailan cada san Juan arropados con la sombra de su hipoteca, todos y todas, claro.
Algarabías inexplicables al margen, en los círculos y corrillos se especulaba con la idea de que Sánchez, siguiendo su patrón de respuesta «ordaguil», el lunes sorprendiera con algo más que el anuncio de la disolución de las Cortes Generales. Pues no, el giro de guion llegaba el martes, amanecíamos con el anuncio de que el Consejo de Ministros iba a aprobar dos nuevos Decretos para llevarlos, una vez disueltas las Cortes, ante la Diputación permanente. Decimos nuevos porque no pueden ser exactamente iguales a los rechazados por el Congreso. Aquí, la representatividad y las tornas cambian, todo apunta a que saldrán aprobados, y ante la decisión de la Diputación, solo puede pronunciarse el Tribunal Constitucional. Goleada y estratégico uso de la oportunidad, indiscutibles. Este giro explica la tajante afirmación que la Ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez García, nos regalaba en una entrevista el miércoles pasado, en La Hora de la 1, «no va a haber ningún desahucio más».
Las siguientes citas: 29N elecciones y el 23 de diciembre, cuando tendrá lugar la sesión constitutiva del Congreso y del Senado, a partir de ahí, formación de grupos parlamentarios y ronda de consultas en el Palacio de la Zarzuela.
Se nos presenta un otoño cargado de mensajes, de reproches, señuelos, promesas y, sobre todo, de bulos, de muchos bulos. De esos que tanto dan para un roto como para un descosido, de los que sirven para engaliar a quienes dan tumbos y duermen entre cábalas para encontrar el modo de celebrar las reuniones gastronómicas de las cenas de invierno, y mantener la costumbre del regalo y roscón, o a esos que agotados dejan para «los que saben» las reflexiones y conclusiones. Bulos que empodrecen nuestro derecho fundamental a comunicar o recibir una información veraz y , al mismo tiempo, sirven de abono a sentencias tan contrarias a la verdad como malintencionadas, ejemplos: «Todos los políticos roban», «Todos los políticos son unos ladrones», «son (los políticos) todos iguales».
Además de apretarnos el cinturón, literal y figuradamente, tanto da, vamos a tener que sujetarnos a los agarraderos que tengamos a mano para sobrevivir a este otoño.





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