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Nuestro fracaso moral

Europa se ha decidido por una tercera dosis, lo que aumenta aún más la diferencia de oportunidades de acceso a la salud entre los distintos países




YOLANDA CRUZ LÓPEZ

Miércoles, 3 noviembre 2021,. EL IDEAL


De este modo califica el doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud, OMS, la distribución equitativa de las vacunas de la covid-19. El motivo es que mientras más del 70% de la población europea ya ha sido inoculada con dos dosis y tiene la pauta completa, en África solamente se ha vacunado a 68 millones de personas, un tercio de estas, en Marruecos. ¿Podemos hacernos una idea del agravio comparativo que esto supone?

Y este 'fracaso' lo es más porque Europa se ha decidido por una tercera dosis, lo que aumenta aún más la diferencia de oportunidades de acceso a la salud entre los distintos países.

Solo ha transcurrido año y medio desde que se pusiera en marcha la plataforma internacional Covax y la manifiesta inutilidad de esta, lamentablemente, no nos ha pillado por sorpresa, ni siquiera a los vocacionales del optimismo entre quienes me encuentro.

La finalidad de Covax era hacer llegar la vacuna a todos y todas en igualdad, se trataba de una apuesta para que quienes más tenemos ayudáramos a los que menos tienen, pero cubiertas nuestras necesidades sanitarias y distanciados los países de las altas cifras de contagios y fallecimientos, mientras intentamos vivir las últimas etapas de nuestro duelo quienes hemos perdido a seres queridos a causa de esta pandemia, el dolor y la pérdida ajenas, nos resultan más lejanas. Mientras las vidas de millones de personas todavía están en juego, la situación laboral y económica en la que nos encontramos los más afortunados acaba de distraernos, ya no parece cosa nuestra.

Para los países ricos, Covax debía ser un seguro ya que garantizaba la inmunidad de la población de los países más pobres lo que, consecuentemente, redundaría en el bienestar de todos, mientras que para los países receptores representaba la única oportunidad de salvar la vida. Lo que empezó siendo un proyecto ejemplar de solidaridad, ha terminado convertido en una caridad y mal ejecutada. A finales de este año deberían haber sido distribuidos 1.100 millones de vacunas, pero de momento solo se han suministrado 330 millones.

El pasado mes de julio, la OMS anunció su rechazo a la tercera dosis hasta que la vacunación COVID llegara a todo el mundo y solicitaba a los diferentes gobiernos que priorizaran el inmunizar a las personas en riesgo en todo el mundo. No ha sido posible, cada uno prioriza para dentro y mientras ya se llama a los mayores de 70 años para su tercera dosis, ahí enfrente, en África, no llega la primera.

Y ahora, desde Glasgow, el secretario general de la ONU, Guterres, en la COP26 pronuncia despacio su petición: «Basta de tratar a la naturaleza como un retrete, estamos cavando nuestra propia tumb», si no nos preocupa lo que ocurre al otro lado del Estrecho con miembros de nuestra misma especie, cómo nos va a preocupar dónde se esconden nuestros residuos o el coste vital que supone el uso constante de combustibles fósiles.

Solo la solidaridad, que no caridad, y la responsabilidad pueden ayudarnos a preservar la salud de la humanidad y la del planeta en el que vivimos. No se engañe.

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