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Preservar la memoria

  • Foto del escritor: Yolanda Cruz López
    Yolanda Cruz López
  • hace 32 minutos
  • 3 min de lectura

«Al igual que la memoria individual se comporta de modo selectivo, especialmente por el instinto de supervivencia y adaptación, la colectiva también sufre procesos de eliminación»


Miercoles, 17 de junio 2026. EL IDEAL

Nuestra memoria se soporta en todas aquellas experiencias que hemos vivido a lo largo de nuestra existencia. Las buenas, las malas, las que acontecieron tal y como esperábamos, las que se torcieron para bien o para mal y las que no llegaron a ser. Parte de nuestra memoria es compartida por familiares, amistades, coetáneos extraños o sabidos. De todos ellos,  algunos quizás sigan con vida, otros no. Estos últimos deambulan por los recovecos de nuestros recuerdos, esperándonos quizás, en cualquier esquina del olvido, para que nos unamos a esa comitiva de ausencias que, entonces, formarán parte de la memoria de nuestra descendencia o de quienes, sin serlo, nos convoquen en su historia como parte de ella.

 

Con la memoria colectiva, sucede otro tanto. Se levanta sobre los recuerdos compartidos y se construye o reconstruye por la propia sociedad. Ese pasado compartido es lo que nos amalgama como sociedad y nos permite arroparnos con una identidad. Sin embargo, al igual que la memoria individual se comporta de modo selectivo, especialmente por el instinto de supervivencia y adaptación, la colectiva también sufre procesos de eliminación. Así, la edificación de nuestro pasado se lleva a cabo recuperando vivencias colectivas u olvidando, dejando al margen, fuera, hechos, acontecimientos y comportamientos. De ese modo, la identidad de la que hablamos se dibuja con una línea que no puede ser nítida por fragmentada. y nosotros nos vemos forzados a lucir un origen, cuanto menos, incompleto.

 

La memoria es imprescindible para protegernos de los errores cometidos y de los que, se supone, por instinto, deberíamos escapar.  La memoria colectiva se nos roba, la mayoría de las veces, por decisión de quienes controlan el discurso político y social. Mientras la memoria colectiva es múltiple y se transforma conforme decidimos actualizarla, la memoria histórica es única y se acota en un límites impuestos. Recuperar la memoria histórica es de justicia para no abandonar en el olvido nada de lo que nuestro presente derive, y  defender la memoria democrática es dotar a la ciudadanía de parte de su historia, a la par que dotarla de herramientas para que la reflexionen, se reconozcan en ella y la reconozcan como hacedora de los derechos que hoy sustentan nuestra democracia.

 

La LOMLOE promueve la educación en materia de Derechos Humanos, en libertades fundamentales y en historia de la democracia. Al amparo de esta Ley de Educación, el festival Visualízame en tu Memoria, convocado por Fundación Inquietarte, ha celebrado su sexta edición en Guadalajara, teniendo lugar la proyección de los ganadores, “El verso cautivo” de Antonio F. Amuedo y “Balas perdidas” de Genís-Martí Meléndez Boix, en el Archivo Histórico Provincial de Guadalajara, además de un encuentro literario en torno al  libro “La mala memoria” del periodista y escritor Jesús Pozo, en el que también intervino la escritora, periodista y divulgadora, Nieves Concostrina.

 

A mí, como directora del festival, me correspondió desarrollar sendos talleres sobre memoria democrática para alumnado de 3º de la ESO en los IES Harévolar (Alovera) y Peñalba (Chiloeches). ¿Por qué? porque el acceso a una educación de calidad, que respete al alumnado en su derecho a conocer, es básico para garantizar la igualdad de oportunidades y preservar la democracia.

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